lunes, 8 de noviembre de 2010

EL ENTE VERDE (1)

Quien bien me conoce sabe de mis dificultades, no solo para conciliar, sino sobretodo para mantener el sueño, una vez caído en los brazos de Morfeo. Pasé de ayudarme con elementos naturales a convertirme en un yonki de la química nocturna. Uso de todo para dormir. Y duermo siempre que puedo. Los llamados ritmos biológicos me abandonaron hace tiempo para no volver. De momento.

Pues a pesar de ello, hace unas semanas, en unos de esos sueños que algunos especialistas llaman "débiles", recostado sobre la cama ergonómica, articulada y con colchón de látex, ( recomendada para el buen dormir y mejor descanso) tuve la sensación de no estar solo. De no estar solos. Llegué incluso a "oir" pisadas. ¡No! ¡Pisadas no!. Era como quien arrastra los pies para no hacer ruido. Ruido que yo escuché perfectamente desde el otro lado del inmenso tabique que separa habitación de salón. Eran las tres y poco de la madrugada y cualquier ruido se amplifica incluso bajo los efectos de los sedantes. Es lo que tiene ser una especie de vampiro. Se agudizan los sentidos.
Pues bien, una vez convencido, que alguien más había en casa y no precisamente un invitado, me obligué a despertar de forma absoluta, cosa nada difícil por otro lado. Con el corazón latiendo por su cuenta y riesgo, la vista acostumbrada a la penumbra e incluso con un par de estiramientos sigilosos realizados bajo sabanas, me levante cual pantera felina ( porqué de otras no hay) y con mi particular espada cimmeriana me dirigí hacia el lugar de donde provenían los extraños sonidos. He de decir que realmente pensaba que alguien había entrado en casa. ¡¡Un ladrón, de esos llamados silenciosos!!
Pues a pesar de los indicios de pánico que la entrada de un extraño en tu propia casa pueda causar, mi instinto me obligaba a salir en su busca y obligarle a eso que algunos visionarios llaman, reinserción. A base de palos. Llegó un momento en que pensé que los destrozos que iba a causar arreándole hostias al caco iban a ser con diferencia, de mucho más valor, que aquello que el miserable pudiera arrebatarme. Pero a mi daba igual. No iba a permitir que un vulgar ladronzuelo campara a sus aires por mi casa y se llevara, ni siquiera, un rollo de mi preciado papel WC. El caso es que, me enfrente a la oscuridad del resto de casa sin encontrar a nadie a quien arrearle. Guarde mi espada en su funda y me acosté de nuevo, con la ingenua intención de dormir aunque fuera un ratito. Nada más lejos de la realidad. Aunque sin dormir me confortó la conciencia, el hecho de valentía mostrado. Gesto solo para mí. O incluso para mí. Exclusivamente para mí.
Hoy lo comparto. Para que, como yo, modestia aparte, valoréis en su medida la gesta y la ausencia de miedo demostrada. Actos dignos de un bárbaro. Ahí queda.

A mí me parece que para evitar sobresaltos, lo mejor es no entrar en casa ajena. Se lo digo a todo aquel que tenga la tentación de entrar donde no debe.

P.D.1- Si realmente llega a haber alguien, es que lo coso a palos. Y contaba con que fueran más de uno. Me daba igual.

P.D.2- Habrá segunda parte. Paciencia.

1 comentario:

Unknown dijo...

Si hubiese entrado alguien, se hubiera arrepentido de la "BARBARIE" de Conan. Cuando nuestro amigo de PXC este ahí arriba se lo pensaran los silenciosos, jaja ahí queda.