miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL ENTE VERDE (2)

Continuando con esa extraña forma de dormir y de las consecuencias nocturnas que ello me acarrea , paso a detallar una segunda experiencia , que aunque no tenga nada que ver con la heroica ya explicada, si tiene algunas partes comunes que bien merecen ser comparadas.
Quedó clara la valentía y gallardía mostrada por este que suscribe , cuando en sueños creyó ser víctima de un vulgar robo en su propio domicilio. Espada en mano me enfrente a temores y miedos . Y a cualquiera que en casa pudiera haber hallado. No fue así, y pude dormir feliz, por mis propios actos.

Sin embargo, pocos días después, el sueño se convirtió en la peor de las pesadillas. Me explico. Aún hoy, no estoy del todo convencido, de que aquello fuera un mal sueño. El caso es que, recostado cómodamente y en la mejor de mis posiciones, creyendo estar ( maldito insomnio) despierto, creí volver a oír extraños sonidos por los más recónditos rincones del dulce hogar. Pero esta vez era diferente. De golpe los ruidos estaban dentro de la habitación. Y yo no me había dado ni cuenta. Sin saber como ni cuando. Aquello me sobresaltó sobremanera. Sobretodo por mi sobrada capacidad para evitar sobresaltos. Con la cara medio tapada y el brazo derecho disparándose hacia mis cercanas defensa, no me di cuenta de su presencia hasta que lo tuve a escasos centímetros de mi cara. Reprimí de forma instantánea mis impulsos defensivos y mis más primitivos sentimientos de supervivencia. Algo no humano me echaba su aliento en la cara esperando precisamente el más leve movimiento para poder , creo, apoderarse de mi. Bueno, no se si era humano. Aparentemente lo parecía, pero no tenia ni carne ni huesos. De aspecto brumoso y tranparencia terrorífica. Con aspecto humanoide y del mismo color verdoso que vemos en una cámara con visión nocturna , la cosa-ser , esperaba o más bien necesitaba, del más leve de mis movimientos para "saber" que yo estaba allí. Olisqueaba alrededor de mi cara como un ciego que nota, pero no sabe, de la presencia de alguien . Buscaba y buscaba. Porque preparado estaba. A la mínima oportunidad se lanzaría sobre mi. Tampoco se exactamente de que era capaz. Pero me haría daño. Eso si lo sabía. Y me di cuenta. Convertí mi cuerpo en estatua. La rigidez era mi arma. Y la respiración mi talón de Aquíles. No debía respirar nada más que aquello absolutamente imprescindible. No, mejor no respirar. La cosa-ser me causaba tal temor que prefería la asfixia. El sudor que me empapó tampoco era bueno. El ente verde parecía notarlo. Y acercó tanto su cara a la mía que llegué incluso a tragar su aliento. ¿Pero como podía tener aliento una especia de niebla de color verdoso a pesar de su figura humana? Mientras más tiempo pasaba más miedo sentía. Incluso creí, que parpadear, delataba mi presencia. Y a través de la oscuridad cruzamos miradas. Vi sus ojos transparentes. Y vi lo que había más allá de ellos. Nada. Oscuridad. Ojos huecos. Ojos vacíos.
Pero ojos que me miraban. Aunque no me veían. Y su aliento en mi cara. Fétido aliento. La cosa-ser, el ente verde, se quedó una eternidad con sus mandíbulas rozando mi rostro. Me obligué no se como, a la quietud absoluta. Y daba gracias por saber, que quien duerme a mi lado, no hace mas ruidos ni movimientos que los que yo hacia en esos largos momentos. Fueron tan largos aquellos segundos que incluso pude pensar en la posibilidad , no ya de defenderme, sino incluso de atacar a la cosa-ente. Pero cualquier posibilidad se convertía en fracaso. De alguna forma lo sabía. Nada podía hacer. Solo esperar que aquello no me notase , y se marchará tan extrañamente como entró. Y fue en uno de los irreprimibles parpadeos que el ser verde desapareció. De golpe. Ya no estaba. Ni siquiera cerca. Ni siquiera en casa. Ni siquiera existía. Ni existió. Simplemente no estaba. Respiré tan profundamente que el pecho me dolió. Y conseguí moverme. Poco a poco.

Me levanté tranquilamente y fuí a la cocina. Y de paso eché una meadita. Y al verme en el espejo no supe si estaba todavía en el sueño. Sudando y con cara de pánico, pero ya tranquilo. Estaba despierto. Solo para tranquilizarme, inspeccioné el resto de la casa aún a sabiendas que no encontraría nada raro. Y me acosté tranquilo. La "cosa-ser-ente verde" no iba a volver. Y me dormí. Curioso , pero me dormí.

Al despertarme de nuevo , no sabia si todo aquello lo había soñado. Le he dado mil vueltas y hoy no sé si soñé y pesadillé u ocurrió. No lo sé. Me consuelo creyendo que fue una horrible pesadilla. Me consuela pero no cuela. Porqué no sé que ocurrió. No ha vuelto a pasar. Gracias a Crom.

A mi me parece que como buen bárbaro, prefiero enemigos tangibles por muy fuertes y poderosos que sean, que cosas verdes y insustanciales a las que no se como tratar. O aniquilar.
Saludos bárbaros.

P.D. No he de negar el miedo que pasé. No tengo claro que mi rigidez fuese parte de mi estrategia o causa del pánico que me dominó.

1 comentario:

CONAN "THE BARBARIAN" dijo...

Thulsa Doom no lo sé pero sobretodo Thot-Amon si que fue un brujo al que Conan se enfrentó en varias ocasiones. Su espada le sirvió de poco y me temo que tus flechas tampoco ayudarian como lo hacen habitualmente. De todas formas se agradece el ofrecimiento , dicho sea de paso con el que ya contaba.
Saldos bárbaros

PD: Paso de cuernos¡¡¡¡