lunes, 13 de junio de 2011

XAVI

Hace casi 27 años nos conocimos. Eramos como dos peces fuera del agua. Condenados a unirnos. Y claro, nos unimos. Y durante mucho tiempo fuimos inseparables. Dejamos de ser tal y pascual, para pasar a ser "esos dos". Los demás ya no concebían a cada uno por separado. Y cuando alguno faltaba, cosían al otro a preguntas. El caso es que se forjó una amistad de esas de "para siempre". Y así quedó. Y compartimos momentos de alegría. Y algún que otro lío, a los que especialmente tú, solías atraer. Casi sin quererlo. Siempre me hizo gracia tu forma de afrontar los problemas. Casi ignorándolos. Dejándolos pasar. Esquivándolos. Me los contabas y te reías. " ¿Y ahora que hago? jejejejejeje""Bueno,no sé, ya pasará" tu frase favorita. Yo alucinaba. Yo todo dudas, cuidados y preocupaciones. Tú a lo que venga, conformista y siempre poco exigente. Esa era una de tus mejores virtudes. Tú poca exigencia hacia los demás. Lo que te daban era suficiente. Por lo menos conmigo. Y daba lo mismo lo que te pudiera decir o aconsejar, porque a pesar de la atención que me prestabas, después, por supuesto, hacías lo que te daba la gana. Y a pesar de todo, la mayoría de las veces parecía que te dejabas guiar. Daba la sensación que hacías lo que los demás queríamos. ¡Que ingenuos!



Después el tiempo nos separó. El destino nos llevó por caminos diferentes. Pero cada vez que nos encontrábamos, por casualidad o buscando el encuentro, la alegría iluminaba nuestros corazones. De hecho, para mi, eras la excusa para ir a algunos sitios. O para acudir a encuentros programados. Cualquier motivo era suficiente si provocaba , aunque fuese, un momento para estar juntos. Porque cada vez que nos veíamos, nos olvidábamos del resto. Como al principio. Nunca pude agradecerte que me acogieras en aquellos momentos, que para mi fueron especialmente duros. Solo alguien como tú, podía animarme en aquella imprevista aventura que de forma inesperada emprendimos juntos. Y eso que muchas veces era yo, quien tiraba del carro. O eso creía. Ahora ya no estoy tan seguro. Pero si es verdad, que tú ,escondido en una aparente fragilidad, te apoyabas en mi falsa fortaleza. Fortaleza que mantenía gracias a ti. Y así, el uno en el otro, hasta alcanzar el objetivo. No sé, de verdad, si hubiera podido conseguirlo solo. No lo sé.



Y a pesar de todo llegó el alejamiento. Tu conociste a mi hija. Yo a ninguno de los tuyos. Pero siempre supe de ti. Por los breves y escasos momentos que nos veíamos y por lo que me iban diciendo de ti. Y por tu hermano. Al que acabe viendo y casi conociendo más que a ti. Cada vez que me explicaba algunas de tus desaventuras me partía de risa. "Siempre será el mismo" acababa pensando. Y el tiempo pasaba y pasaba entre nosotros, gracias a los pequeños encuentros, promesas incumplidas y noticias de terceros.



Hasta hace poco. Muy poco. El lugar , insospechado. Yo salia de visitar al médico cuando tu llegabas. Y como tenias para un rato, nos fuimos a tomar un café. Hacia por lo menos dos años que no nos veíamos. Pasado el primer momento de alegría empecé a notar algo extraño. Parecías preocupado. El hombre despreocupado estaba triste. "Será que la edad le ha hecho madurar" me dije. Pero no. No era la edad. Me contaste que venias del hospital. Que te acababan de diagnosticar cancer. De pulmón. Que ibas a decírselo al médico que compartimos. Y que todavía no lo sabia nadie. Ni tu mujer, Yolanda, ni tus hijos. Ni siquiera tu hermano. Nadie. Te lo acababan de decir. Y la casualidad, el destino o lo que sea, quiso que yo fuese el primero en saberlo. Se me heló la sangre. Renegué del puto encuentro casual. Y a pesar de todo me lo decías con una sonrisa. Típico en ti. "Ahora voy a tener que dejar de fumar, jejejeje""Me voy a poner tan gordo como tu, jaja" Pero había miedo en tu cara. "Se lo tendré que decir a Yolanda". Eso te agobiaba. Intenté inútilmente animarte, sabiendo que eso no funciona. Alabé los avances médicos y lo pronto del diagnostico. Y como siempre quedamos en llamarnos. Nos dimos formas de contacto. Y las utilizamos. No para vernos pero si para saber.



Ayer fui a tú entierro. Vi a Yolanda. Me acerque a ella y le pregunte si me recordaba. ¡Hacia tantos años que no nos veíamos!! Abrió sus ojos llorosos y me abrazó. "Edu, Edu". Y el abrazo provoco mas lágrimas. Y lloramos. Lloramos por ti. Y después de tanto tiempo, parecía que el tiempo no había pasado. Siempre nos tuvimos en alta estima. Compartimos la pena de tú perdida. Y después conocí a tus hijos. ¡Por fin los conocí! Pero a tí no. No te reconocí tras el cristal. No eras tú. No quería que fueses tú. El cancer había cumplido su misión. Su puta misión.


Muchos de los que estaban con nosotros hace 27 años, también estaban allí. Pero tu no. Y de golpe me sentí solo. Muy solo. Como al principio. Y antes de tener que despedirme de alguien me marché. Solo fui a verte a ti. A despedirme de ti.



Hoy sé, que cuando llegue mi hora, tendré a mi primer compañero esperando. Cuando yo llegue, no estaré solo. Descansa, Xavi, descansa. Nos volveremos a ver.

El destino, la casualidad o lo que sea, quiere que me despida de ti el día que hace 12 años que perdí a mi padre. También de cancer. De pulmón. ¡¡Maldito cancer!!








4 comentarios:

mario dijo...

Ánimos y un abrazo.

JAUME dijo...

BALBOA: Duro como la vida misma. Tenias razón , suerte que estoy solo en la habitación porque a uno se le saltan las lagrimas. Pero ten clara una cosa CONAN, tu nunca caminaras solo.
Un abrazo.

Johnny Tastavins dijo...

Joder, estoy llorando como un crío. La vida es grande, muy grande!!

GORKA dijo...

Precioso relato Edu.
Muy bonito y emotivo